Hasta los años 70 del siglo XX, la comarca de Os Ancares era una zona con aldeas todavía sin luz, vetustas prácticas agrícolas, cabañas en las que convivían personas y animales, pueblos sin carreteras aislados en invierno por la nieve. En los años 60 muchos jóvenes habían optado por la inmigración, especialmente hacia el cinturón industrial de Barcelona.

Os Ancares era una de las pocas zonas habitadas por el oso pardo, animal que ha ido desapareciendo de la región. Con todo, en los últimos años todavía se ha podido contemplar alguna pareja procedente del parque natural asturiano de Muniellos.

Existe una leyenda vinculada al Castillo de Doiras según la cual una doncella desapareció de su casa y fue dada por muerta. Tiempo después, su hermano salió de caza y mató una cierva, a la que le cortó las patas. A la llegada al Castillo, las patas se habían convertido en los brazos de su hermana y en uno de sus dedos lucía un anillo que la identificaba sin duda alguna. Y donde yacía la cierva muerta, aparecía el cuerpo de la doncella. La joven habría sido hechizada por un hada del lugar.
Os Ancares, de hecho, están consideradas las montañas mágicas de Castilla y León, el espacio natural de los guardianes del Santo Grial. Abundan los cuentos de lobos al calor de la lumbre y los recuerdos míticos de hadas y druidas originarios de la cultura celta.

Cerca de Doiras está la aldea de Vilarello da Igrexia, donde algunos estudiosos sitúan el origen de la familia de Miguel de Cervantes Saavedra. Como dato, decir que en el capítulo 39 de Don Quijote de la Mancha, que se considera autobiográfico, se dice: “En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje…”.

En 1873 la aldea de Donís entró en la historia por encerrar en una cuadra al recaudador de impuestos y declararse república independiente. La razón fue el hartazgo de los lugareños por tener que pagar tributos pese a estar en la miseria. La aventura independentista de este enclave duró lo que tardó la Guardia Civil en ir a la aldea y liberar al funcionario.